
Pasear por Ámsterdam es descubrir una ciudad llena de encanto, canales históricos y una arquitectura única que llama la atención de visitantes de todo el mundo. Entre sus edificios más característicos destacan unas viviendas altas y sorprendentemente estrechas que se alinean junto a los canales. Aunque hoy son uno de los símbolos de la capital neerlandesa, su origen está relacionado con una cuestión mucho más práctica: los impuestos.
El origen de las casas estrechas
Durante el siglo XVII, la llamada Edad de Oro de los Países Bajos, Ámsterdam experimentó un gran crecimiento económico y urbano. En aquella época, los impuestos sobre las viviendas se calculaban en función de la anchura de la fachada que daba a la calle o al canal.
Para reducir la carga fiscal, muchos propietarios optaron por construir casas con fachadas muy estrechas, pero compensando la falta de espacio en anchura con una mayor profundidad y altura. De esta forma conseguían disponer de viviendas amplias pagando menos impuestos que quienes poseían fachadas más anchas.
La famosa casa de Singel 7
Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en el número 7 del canal Singel, en pleno centro histórico de Ámsterdam. Su fachada apenas supera el metro de ancho, poco más que el espacio necesario para instalar una puerta de entrada.
A simple vista parece una vivienda diminuta, pero la realidad es que el edificio aprovecha al máximo el espacio interior, extendiéndose hacia el fondo del solar. Gracias a este diseño, sus propietarios pudieron beneficiarse durante años de una fiscalidad más favorable.
¿Cómo subían los muebles a estas casas?
La estrechez de estas viviendas hacía muy difícil transportar muebles y mercancías por el interior. Las escaleras, además de ser extremadamente estrechas, eran empinadas y no permitían el paso de objetos voluminosos.
Para solucionar este problema, muchas casas incorporaron un gancho en la parte superior de la fachada conectado a un sistema de poleas. Gracias a este mecanismo, los muebles y las mercancías podían elevarse desde la calle hasta las ventanas de los pisos superiores.
Esta particularidad explica otra de las características más llamativas de las casas de Ámsterdam: muchas fueron construidas con una ligera inclinación hacia delante. Lejos de ser un error arquitectónico, este diseño evitaba que los objetos suspendidos chocaran con la fachada durante la maniobra de elevación, facilitando así su entrada en el edificio.
Todavía hoy es posible observar estos ganchos y las fachadas inclinadas en numerosos edificios históricos de la ciudad, convertidos en una de las señas de identidad más reconocibles de Ámsterdam.
Un símbolo de la ciudad
Lo que comenzó como una estrategia para reducir impuestos terminó convirtiéndose en uno de los elementos arquitectónicos más emblemáticos de Ámsterdam. Hoy, estas casas estrechas atraen la atención de millones de turistas y forman parte inseparable del paisaje urbano de la ciudad.